Llevo más de diez mil años de aquí para allá, desde que el buen Smoh me batiera por primera vez en algún lugar de África, de cuyo nombre quiero, pero no puedo, acordarme. Por aquellos tiempos, mi capacidad de percibir lo que me rodeaba era muy limitada. Yo tenía mis pensamientos intimistas, mis vagos recuerdos de mi vida anterior como leche de cabra y poco más.
Aún espero el día en que los humanos descubran el sitio exacto de mi nacimiento, me haría mucha ilusión ir de visita un fin de semana. Los humanos son individuos aislados sin conciencia colectiva, pero algunos especímenes son ciertamente fabulosos y no me queda otra que confiar en ellos. Porque, pese a que soy la mantequilla y mi percepción del cosmos y el espacio/tiempo es comparable a la de Dios, mi configuración molecular me dificulta enormemente la investigación a pie de campo. C'est la vie.
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