martes, 14 de agosto de 2012

Me presento, soy la mantequilla.

La mayoría de los humanos piensan que la mantequilla no tiene consciencia. ¡Pues vaya si la tengo! Pero ya se sabe que los humanos son muy suyos, como acostumbra a decirme mi buen amigo el césped siempre que nos encontramos tras cada demostración empírica de la Ley de Murphy.

Llevo más de diez mil años de aquí para allá, desde que el buen Smoh me batiera por primera vez en algún lugar de África, de cuyo nombre quiero, pero no puedo, acordarme. Por aquellos tiempos, mi capacidad de percibir lo que me rodeaba era muy limitada. Yo tenía mis pensamientos intimistas, mis vagos recuerdos de mi vida anterior como leche de cabra y poco más.

Aún espero el día en que los humanos descubran el sitio exacto de mi nacimiento, me haría mucha ilusión ir de visita un fin de semana. Los humanos son individuos aislados sin conciencia colectiva, pero algunos especímenes son ciertamente fabulosos y no me queda otra que confiar en ellos. Porque, pese a que soy la mantequilla y mi percepción del cosmos y el espacio/tiempo es comparable a la de Dios, mi configuración molecular me dificulta enormemente la investigación a pie de campo. C'est la vie.

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